La Creación del Mundo

Al principio no había nada más que una mera apariencia, nada existía realmente. Era un fantasma, una ilusión que tocó nuestro padre; algo misterioso fue lo que palpó. Nada existía. Mediante un sueño, nuestro padre, «el que es sólo apariencia», Nainema, apretó el fantasma contra su pecho y se sumió en sus pensamientos.
Ni siquiera existía un árbol para sostener a este fantasma, y sólo mediante su aliento mantuvo Nainema sujeta esta ilusión al hilo de un sueño. Trató de descubrir qué había en su fondo, pero nada encontró. «Estoy sujetando algo que es un puro no existir», dijo. No había nada.
Lo intentó de nuevo nuestro padre y rebuscó en el fondo de aquello y sus dedos removieron el fantasma vacío. Ató el vacío al hilo del sueño y prensó sobre él la papilla mágica. Así, gracias al sueño, lo sostuvo como la pelusilla del algodón silvestre.
Tomó el fondo del fantasma y pisó sobre él repetidas veces, con lo que pudo finalmente descansar sobre la tierra que había soñado.
Ya era suyo el fantasma de la tierra. Escupió entonces varias veces para que surgieran los bosques. Se acostó sobre la tierra y puso sobre ella la cubierta del cielo. De la tierra alzó los cielos blanco y azul y los puso encima.

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MENSAJE AL MUNDO, DE LOS INDÍGENAS DE LA AMAZONÍA COLOMBIANA

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